De las dos líneas de la vida
I. Sucede que en una palma hay dos líneas de la vida. Una rodea la base del pulgar, como debe, y a su lado, un poco más arriba o un poco más abajo, va una segunda. Los libros la llaman de distintas maneras: línea hermana, línea de Marte, ángel de la guarda, doble fuerza. Todos esos nombres quieren decir lo mismo y todos están equivocados a medias.
II. Hay que distinguir dos líneas dobles, parecidas por fuera y contrarias en el fondo. Es fácil confundirlas, porque las dos están en el mismo sitio y las dos son hondas. Solo se pueden distinguir de un modo: mirando no dónde está la segunda línea, sino qué hay sobre ella.
III. La línea doble de la primera clase es la sombra de su propia línea. La repite en todo: curvas, nudos, cortes, islas. Donde en la primera hay una isla, en la segunda también; donde hay un corte, también hay un corte, como si alguien hubiera trazado la misma línea dos veces, apretando más la pluma la primera vez. Significa que la vida en esa persona es tan fuerte que no cupo en un solo camino y fue por dos rodadas, como un carro ancho por un camino estrecho. Esas personas viven mucho, enferman poco y salen de desgracias en las que otros perecen. De ellas se dice: tiene siete vidas. No hay nada malo en ello.
IV. La línea doble de la segunda clase no es una sombra, sino una línea ajena. Está junto a la primera, pero va por su propio camino: sus propias curvas, sus propias islas, sus propios travesaños. Suele ser más honda, más oscura y más ancha que la primera, como si la hubieran tallado a cuchillo y la primera la hubieran trazado a lápiz. A lo largo de ella se ven arruguitas, como las que tienen los viejos, aunque la persona sea joven. A veces no empieza donde la propia, sino más arriba, en la misma base del índice. La llaman prestada.
V. La línea prestada es una vida ajena trasladada a una mano ajena. Cómo se traslada no consta aquí, y no porque no se sepa, sino porque escribirlo sería enseñarlo. Consta solo que se traslada en la hora de la muerte: el que se va puede dejar su línea en la mano del que se queda, si le sostiene la mano la última noche y si el que se queda todavía no ha crecido, todavía es blando, todavía no está cerrado. Dicen que a ese niño se le llama por su nombre, con cariño, y él se acerca, y por la mañana no recuerda nada, salvo que era de noche y lo llamaron.
VI. De quién es la línea se puede saber por la letra del linaje. Si se ponen juntas la mano del que la lleva y la imagen de la mano del que la dio, se ve que la línea prestada coincide con la línea del que la dio no por parecido, sino por identidad, como coinciden dos impresiones de un mismo sello: la isla al principio, tres travesaños en el centro, todo en su sitio. A veces, dicen, la imagen de la mano del que la dio se encuentra donde no se espera: estampada en cobre, grabada a fuego en madera, aflorando en una puerta.
VII. ¿Qué hace la línea prestada en una mano ajena? Consta de distintas maneras.
Unos escriben: guarda. El que la dio vive en ella como vive una vela en un farol, y mira el mundo con los ojos del que la lleva, y lo cuida como lo cuidaba en vida.
Otros escriben: espera. El que la dio no ha muerto del todo, solo se ha mudado, y espera la ocasión de mudarse más lejos, a alguien que tenga a mano. El que lleva una línea prestada no lo nota enseguida, sino a los diez o doce años, cuando se da cuenta de que sabe cosas que no aprendió y sabe hacer lo que no sabía.
Otros escriben, en pocas palabras: lo prestado se devuelve.
VIII. De la devolución consta así. Toda línea prestada debe volver al lugar de donde se tomó, o a aquel al que se destinó al tomarla, y el plazo de la devolución no lo elige el que la lleva. A veces la línea prestada palidece durante años, en silencio, y se va sin dejar rastro, como un arroyo que se seca, y el que la lleva no nota la pérdida. A veces se va de golpe, en una sola noche, y entonces en la mano queda una sola línea, la propia, fina y pálida, desacostumbrada a estar sola. Dicen que después de eso la persona tarda mucho en aprender a vivir de nuevo, como aprende a andar el que anduvo muchos años con bastón y de pronto lo perdió.
Al margen, de otra mano: y si a la prestada se la retiene por la fuerza, se llevará consigo la propia.
IX. Hay personas que llevan una línea prestada y no lo saben. Consta: a ellas les está especialmente prohibido mirarse la palma. No porque vayan a ver dos líneas, sino porque, al ver dos, preguntarán de quién es la segunda. Y aquel de quien es oirá que han preguntado por él.
X. Y lo último. Dicen que hay manos con dos líneas prestadas, y entonces en la palma hay tres líneas de la vida, como tres cuerdas. Ninguno de los que escribieron esto ha visto manos así. Pero consta que una mano así se vio en sueños, y esa mano era vieja, cubierta de tierra negra, y sus dedos se movían, como si contaran algo uno por uno.